TERMINATOR SALVATION: EL FUTURO COMIENZA (REVIEW)

El imaginario de la saga Terminator siempre se ha basado en sólidos parámetros de ciencia ficción con un ojo puesto en un futuro post-apocalíptico en el que el ser humano ha pasado de controlar su tecnología a ser víctima de los resultados del uso erróneo de su propio poder. No es difícil elaborar una fácil relación entre la inconsciencia e ingenuidad del hombre al diseñar armas de gran poder de destrucción y la creación del proyecto Skynet en esta saga de películas. Los tres primeros episodios mostraban trazas de un futuro desolador en el que los pocos humanos que quedaban luchaban contra el poder implacable de las máquinas. Las tramas se basaban en los viajes en el tiempo y en el presente pre-holocausto, dejando que la historia se basara en cómo se trataba de alterar o no alterar el curso de unos hechos escritos en el destino.
Terminator: Salvation comienza una nueva historia en la que muestra en plenitud el negro futuro que se presagiaba en las otras películas. Comenzando sobre una hoja en blanco y partiendo casi de cero, materializa de forma espectacular un universo del que sólo habíamos visto pequeños fragmentos. Si bien anteriormente la batalla era mostrada como un mural de desesperanza sin un final claro, esta nueva entrega se reviste de un tono menos azabache y permite una pequeña vía de escape, vislumbrándose luces de solución para el género humano.
Lejos de ser una película redonda (las obras de James Cameron no eran más que contundentes películas de acción con un buen trasfondo de ciencia ficción), esta nueva aportación es una más que digna prolongación de la mitología Terminator, una visión tan pulp e improbable de la batalla entre Skynet y la resistencia como la mostrada en las tres anteriores películas sobre este universo. Lo sorprendente de Salvation es su aplastante descripción del futuro apuntado por Cameron, una de las más espectaculares visiones de un paisaje apocalíptico vistos en la historia del fantástico. No solo la fotografía es más que espectacular, lo es la puesta en escena, la planificación de secuencias y la integración inteligente de los efectos especiales en la composición de planos. La realización es muy potente y utiliza aspectos del cine bélico para construir escenas de acción que sorprenden y funcionan durante todo el metraje.
La historia que se quiere mostrar es un capítulo en medio de una historia que ya ha comenzado. Nos encontramos insertos en un conflicto y la función de la película es tan sólo describir una situación. Una presentación que tiene clara su vocación de prólogo, que triunfa en su condición de “capitulo piloto”, haciendo que el espectador se quede con ganas de más. La historia es muy sencilla y sorprendentemente está presentada bajo la óptica de un personaje que no es John Connor, dando una visión menos obvia de un personaje seco y cansado, abocado a ir cargando con el peso de la saga en el resto de las películas del nuevo tríptico.
El guión no es demasiado sorprendente y el transcurso de la película se apoya en las numerosas escenas de acción, pero funciona como un todo compacto al emplear muchas de estas escenas en crear una visión de la geografía y clima donde transcurren los acontecimientos. Algo poco común en un blockbuster de esas características que no olvida su función lúdica y resulta entretenida, vibrante y fascinante a partes iguales.


Fernando Meirelles afronta la adaptación de la obra desde el respeto escrupuloso, enfermizamente fiel. El director parece haber asimilado a la perfección el mensaje de su compatriota (lo cual no es difícil, dada la reiteración recalcitrante sobre su condición de parábola de Ensayo sobre la ceguera) y no trata de evitar atacar el concepto desde una perspectiva lateral, sino plasmar el original, ya digerido, al medio cinematográfico actual. El director de la plomiza Ciudad de Dios(Cidade de Deus,2003)afronta la visión de una sociedad colapsada por la ceguera colectiva tomando nota del punto de vista del Cuarón de Hijos de los Hombres (Children of Men,2006) y otros acercamientos realistas a la ciencia ficción recientes como Código 46 (Code 46,2003) o 28 días después(28 Days Later, 2002). La cámara de Meirelles sigue la estela Realista del resto de su cine y añade nuevos filtros y texturas para, según el autor, ponernos en los ojos de un ciego. Recursos de objetivo, quemados de imagen y constantes empañamientos de atmósfera hasta sumergir la cámara en la nube lechosa en la que se ven envueltos los protagonistas.
La película empieza con brío y concluye con soltura los primeros pasajes del libro. Juegos de montaje y elipsis muy bien colocadas hacen sencilla la entrada al núcleo de la historia. Mientras tanto, queda constancia de la habilidad de Meirelles para convertir planos aparentemente sencillos en composiciones de gran poder visual. Sin embargo durante el desarrollo del segundo acto de la película se produce una descompensación en la narración del relato y los hechos pierden interés al distanciarse del espectador. De vez en cuando, una escena con gran fuerza recupera el ritmo momentáneamente pero no logra que el espectador recupere la atención a lo que sucede en pantalla. Es de agradecer la singularidad de la mirada de Meirelles hacia el lado fantástico de la historia, pero en ocasiones determinadas elecciones resultan chirriantes con el tono de las imágenes. La selección musical resulta inapropiada e insertos como la voz en off de uno de los personajes, en momentos ciertamente arbitrarios, no acaban de cuajar con el tono semi documental del conjunto. 


La concepción popular de que el medio del Cómic está asociado con los Superhéroes hace que haya una impresión generalizada de que Watchmen sea considerada la mejor novela gráfica que jamás se haya creado. Su importancia es indudable, pero está lejos de ser una obra compacta o brillante. Si que es verdad que la acción transcurre en un escenario distópico que radiografía con éxito la sociedad paranoica de Los Estados Unidos de la era Reagan (A través de un Nixon reelegido), cuestionando si las personas encargadas de proteger a la Norteamérica de los ochenta merecen la confianza de los ciudadanos. Los últimos coletazos de la guerra fría creaban una disposición para que los que manejaban el país mostraran su fuerza, tranquilizando a una población acomodada y consumista que temía perder su estatus frente a una amenaza fantasma. Pero ésta lectura no deja de ser bastante obvia como para describir esta obra de superhéroes retirados como una obra maestra. Su autoconsciencia, su narrativa errática, sus pretenciosos diálogos y simbolismos, y su pueril acercamiento a los personajes son sólo muestras de las muchas limitaciones de Alan Moore como guionista.
Watchmen , la película, es una adaptación que reproduce prácticamente viñeta por viñeta la historia del grupo retirado de superhéroes. La intención de reproducir este universo al milímetro introduce una puesta en escena al ralentí, que abusa del zoom inverso, para poder contemplar cada estampa en su esplendor, deleitándose en los detalles de un plano durante algunos frames más de lo que necesita el ojo humano. Una técnica que se desarrolla a la perfección en los impresionantes créditos iniciales pero que a la media hora de película resulta ser un lastre que el director no es capaz de abandonar ni para presentar los diálogos de los personajes. Las actuaciones acompañan al tono solemne de la película, resultando demasiado impostadas, teatrales, prefabricadas y faltas de vida. Como consecuencia, en ningún momento del extenso metraje se llega a establecer una relación empática entre espectador y personajes; haciendo que esa falta de implicación se traduzca en un desinterés progresivo por la trama. Esta falta de espontaneidad, junto al gratuito espectáculo visual, anulan cualquier atisbo de emoción y hacen que su pretendido estudio del superhéroe como ser humano con problemas, nunca logre el trasfondo melancólico que demanda el relato.


En un principio, la película estuvo planeada como continuación directa de Diary,con los mismos personajes que acababan encerrados en la mansión en la conclusión de ésta.Incluso se habló de que la película siguiera con el mismo estilo de primera persona,que ya se apuntaba en la conclusión de Diary.Sin embargo, la tradición de la saga es respetada y la historia contada no tiene nada que ver con los anteriores personajes aunque sí desarrollará temas que diary apuntaba.Las estructuras tribales,fenómeno de la condición humana que Internet ha hecho resurgir con virulencia,era uno de los mensajes que Romero manejaba en DOTD.En la nueva película endrá un protagonismo especial ya que la trama se desarrolla en una isla del este de norteamérica con población rural dividida en dos facciones enfrentadas.Los habitantes de la Isla tratan en un intento desesperado, de no exterminar a los familiares cercanos que han fallecido(uno de los paralelismos con al original DAWN y que es uno de los factores clave de la propagación de los muertos :la incapacidad de acabar con el ser querido) Un habitante se rebela e intenta matar a todos los muertos que peude,siendo acusado por los habitantes de haber acabado con amigos y vecinos y siendo expulsado de la isla.
En su destierro se encuentra con un grupo de supervivientes que llegan a la isla en busca de un oasis donde reestablecer una nueva vida.Estos se encuentran con que los habitantes locales están intentando establecer una vida “normal” junto a sus familiares muertos.Creandose una situación tipo Los Hatfields y MacCoys(dos familias enfrentadas en el oeste americano)Por un lado los que defienden a sus muertos y por otra los que lo quieren exterminar.Creandose una revuelta por la superviviencia y poniendo sobre la mesa una cuestión levemente sugerida en LAND OF THE DEAD ¿pueden los humanos y los muertos vivir en paz? Romero ha comentado varias veces que no encuentra la manera para terminar la saga y que el final llevaría a un equilibrio entre las dos facciones :los zombies y los seres humanos.Al parecer,la nueva película estará llena de acción y está tratada como si fuera un western,nada extraño en la saga por otra parte,ya que land no era sino un wenstern postapocalíptico a la John Carpenter.

El germen de la obra es una vieja leyenda de un pequeño pueblo italiano que inspiró al director para dar forma a su historia de intriga, tratando de impregnar de esa sabiduría del boca a boca, de viejas tradiciones desconocidas, a una trama adaptada a los modos del cine de suspense y terror. La historia de un pintor maldito del que parece estar prohibido hablar en su pueblo va siendo descubierta por el encargado de restaurar un fresco del artista. El estilo de Pupi Avati resulta más elegante y contenido que la mayoría de sus coetáneos italianos, y la forma de captar las imágenes huye del barroquismo de la fotografía transmitida por Bava para adaptarse a un encuadre más realista y crudo. Sin embargo, conforme la trama va haciéndose más opresiva, la luz de la película va variando y tomando distintos carices. Muy suavemente, el director mueve todas las piezas de la producción para que lentamente las imágenes se adapten a la pesadilla en la que se va adentrando el protagonista. Si bien el descubrimiento de la verdad transcurre de una manera sutil pero segura, esto es tan encomiable como en ocasiones tedioso, ya que la poca permeabilidad con la que fluyen los acontecimientos hace que el ritmo sea en ocasiones excesivamente pausado. 


El Del Toro Autor, suponemos, se va discerniendo en Hollywood película a película en un muestrario de elecciones estéticas más o menos personalizadas. No es difícil darse cuenta de los gustos y caprichos del director a lo largo de su filmografía cuando hay una repetición constante de diseños de producción y atrezzo en cada una de sus trabajos para los grandes estudios (espejos distorsionados de sus mucho más valiosas pequeñas joyas en castellano). Pero más allá de su adicción al cartón piedra y su inconveniente y despersonalizada fotografía se deja entrever una imaginación fabulosa, con un gusto especialmente sensible para la creación de seres monstruosos y una tendencia a la fantasía sin complejos sólo comparable a la de un niño que cuenta historias imposibles que a él no le cuesta creer. Quizás el problema de su cine es que siempre camina por una delgada línea donde el espectador nunca acaba de encontrar el lugar preciso donde debe situarse. Esto es, Del Toro nunca deja de descuidar la credibilidad de su danza de criaturas y da por sentada la digestión automática de su visión, en una suerte de vale todo que oscila entre la ingenuidad y el capricho, que se antoja un pelín autocomplaciente al no asimilar la volubilidad de su narrativa.
En Hellboy 2 la línea argumental toma distancias frente a las páginas impresas y opta por intercalar un drama que apela a la épica del Señor de Los Anillos(¿un detalle premonitorio de su elección como director de El Hobbit?)y que le sirve de McGuffin para desgranar todo el imaginario fantástico que le quedó en la recámara tras realizar El laberinto del Fauno. Lo cierto es que en su mayoría, casi todas las creaciones que aparecen en catálogo son deliciosas (siempre es de agradecer la presencia de un primord...digo elemental) y hacen de la cinta un festín para el aficionado, pero por el contrario los personajes de peso no son tan interesantes como el director pretende y si bien ya conocíamos a el anfibio Abe Sapiens o la flamígera (y ahora protoemo) Liz, sus motivaciones nunca llegan a epatar y parte del peso dramático de las principales bisagras de la trama carecen de un interés cercano a lo funcional. El villano de la función y su ejército tampoco son más que una excusa para mover la historia hacia adelante y es por ello que su clímax no posea más importancia que la de terminar de una forma pomposa lo que el espectador ya iba vaticinando. Otra conclusión tibia, tan poco estimulante como la de su Blade 2, que muestra sus carencias como guionista y que nos permite preguntarnos por que no se explota más a fondo la dualidad del destino final de Hellboy, aquí de nuevo solo apuntada levemente en pos de un facilón conflicto conyugal falto de garra y resuelto sin problemas dada su inane trascendencia para el espectador.
Con todo, el personaje de Hellboy sigue funcionando y no por los forzados intentos de humanizar a los personajes que se perpetran sobre el papel, sino al carisma de un Ron Perlman más a gusto con su rol de macarra de buen corazón que lleva muy bien el peso de todo el largometraje, siendo éste alarmantemente aburrido cuando se le permite algo de cancha a otros personajes. El ejercito dorado corrige algún defecto de la primera entrega y resulta mucho más entretenida, pero nunca llega a dejar una huella palpable en la memoria al no atreverse a romper esos esquemas autoimpuestos que impiden a Guillermo del Toro mostrase como algo más que la eterna promesa del fantástico que empieza a dar algún signo de temprano marchitamiento.
PSYCHOLOOSERS
