20 marzo 2009


A CIEGAS
(REVIEW)
Ensayo sobre la ceguera (Ensaio sobre a cegueira,1995) de José Saramago presentaba, en forma de cristalina metáfora, cómo el ser humano es capaz de hacer de su visión de la realidad una manera de catalizar el sufrimiento o la felicidad, en otras palabras, explicar la capacidad de ver entendida como una liberación o una cárcel, del papel de cada uno en su propio camino o en el de los demás. Para ello se sirve de una historia en forma de cuento para adultos con moraleja que, dada su tratamiento cercano a una ficción irreal, se adscribe en el apartado de literatura fantástica. Los paralelismos con la épica El día de los Trífidos(The Day of the Triffids,1951) no son pocos. Quizás John Wydham nunca se moverá en la misma liga que José Saramago, pero el fondo de su novela, sobre una humanidad que deambula por un mundo devastado por plantas reptantes del espacio exterior, trata muchos temas paralelos con la obra del Brasileño. Y lo hace describiendo la misma sociedad de ciego en la que, tras un desastre mundial, los supervivientes deben esquivar los peligros del peor de los monstruos, el hombre. Fernando Meirelles afronta la adaptación de la obra desde el respeto escrupuloso, enfermizamente fiel. El director parece haber asimilado a la perfección el mensaje de su compatriota (lo cual no es difícil, dada la reiteración recalcitrante sobre su condición de parábola de Ensayo sobre la ceguera) y no trata de evitar atacar el concepto desde una perspectiva lateral, sino plasmar el original, ya digerido, al medio cinematográfico actual. El director de la plomiza Ciudad de Dios(Cidade de Deus,2003)afronta la visión de una sociedad colapsada por la ceguera colectiva tomando nota del punto de vista del Cuarón de Hijos de los Hombres (Children of Men,2006) y otros acercamientos realistas a la ciencia ficción recientes como Código 46 (Code 46,2003) o 28 días después(28 Days Later, 2002). La cámara de Meirelles sigue la estela Realista del resto de su cine y añade nuevos filtros y texturas para, según el autor, ponernos en los ojos de un ciego. Recursos de objetivo, quemados de imagen y constantes empañamientos de atmósfera hasta sumergir la cámara en la nube lechosa en la que se ven envueltos los protagonistas. La película empieza con brío y concluye con soltura los primeros pasajes del libro. Juegos de montaje y elipsis muy bien colocadas hacen sencilla la entrada al núcleo de la historia. Mientras tanto, queda constancia de la habilidad de Meirelles para convertir planos aparentemente sencillos en composiciones de gran poder visual. Sin embargo durante el desarrollo del segundo acto de la película se produce una descompensación en la narración del relato y los hechos pierden interés al distanciarse del espectador. De vez en cuando, una escena con gran fuerza recupera el ritmo momentáneamente pero no logra que el espectador recupere la atención a lo que sucede en pantalla. Es de agradecer la singularidad de la mirada de Meirelles hacia el lado fantástico de la historia, pero en ocasiones determinadas elecciones resultan chirriantes con el tono de las imágenes. La selección musical resulta inapropiada e insertos como la voz en off de uno de los personajes, en momentos ciertamente arbitrarios, no acaban de cuajar con el tono semi documental del conjunto.
En realidad es una película con factura impecable, y alguna actuación más que notable como la de Julianne Moore, con momentos desgarradores, transmite a la perfección el espíritu de la novela, calcando algunos pasajes clave. Pero como en otras obras del director no logra fluidez en la narrativa, y si bien no es torpe, resulta desapasionada haciendo que A ciegas no sea la gran película que hubiera podido ser con un poco más de garra .